Sabemos que comer es necesario para poder nutrir cada célula que forma nuestro organismo, pero, además, ¡también nos gusta disfrutar de lo que comemos! No es un acto puramente nutritivo, también es una acción social y todo un placer. Sin embargo, algunas personas sienten que en algunas ocasiones la digestión se vuelve lenta, larga y pesada. A veces, puede provocar dolor de barriga y otros malestares ocasionales (o crónicos) tras ingerir algunos alimentos. ¿Alguna vez te ha ocurrido? Lo más seguro es que si no te ocurre, conozcas a alguien que sí le haya pasado alguna vez. Y es que sufrir de malas digestiones es desgraciadamente un malestar bastante habitual.  

Existen varios factores que influyen en una digestión deficiente: el nerviosismo, comer con prisas, no masticar bien, intolerancias alimentarias, depresión de las secreciones digestivas, abuso de alimentos fríos… Sí, has leído bien. El abuso de alimentos fríos y crudos deprime la función digestiva porque apaga el “fuego digestivo”. Y sin ese fuego todo lo que ingerimos no puede transformarse y asimilarse después.

Es cierto, que somos lo que comemos, pero aún es más cierto decir que somos lo que absorbemos. Si el sistema digestivo no funciona correctamente puede que ek organismo no sea capaz de aprovechar los nutrientes de los alimentos, aunque sean “muy buenos”. Así pues, es muy importante digerirlos, absorberlos correctamente y eliminar aquello que el cuerpo no necesita.

Podemos facilitar la absorción de los alimentos con la ayuda de las plantas medicinales. Las plantas de sabor amargo estimulan las secreciones encargadas de digerir los alimentos y las plantas ricas en aceites esenciales calientan el organismo facilitando la llegada de la sangre al estómago e intestinos. Como plantas estimulantes de la circulación podemos usar el Tomillo (Thymus vulgaris), Romero (Rosmarinus officinalis) y el Jengibre Zinziber oficinale). Como plantas amargas tenemos la raíz de Diente de león (Taraxacum officinale), la Milenrama (Achillea millefolium), Genciana (Gentiana lutea y Verbena (Verbena officinale).

Como hemos dicho anteriormente, el nerviosismo y las prisas dificultan la buena digestión. Esto se debe a que se activa el funcionamiento el sistema nervioso simpático, que dispara de reacciones que tienen que ver con mecanismos automáticos de lucha-huída en respuesta a agentes estresantes. Y cuando esto ocurre se inhibe el sistema nervioso parasimpático, que nos permite hacer una óptima digestión entre otras funciones. Dicho en otras palabras, el organismo entiende que está en una situación de peligro y destina toda su energía a reaccionar a la situación y esto hace que la digestión no se pueda realizar adecuadamente.  Además, si estamos nerviosos o agitados, probablemente sentiremos el conocido “nudo en el estómago”. En esta situación el estómago no está preparado para recibir comida y no deberíamos forzarlo. Si vivimos con estrés crónico deberíamos intentar revertir esta situación y mientras lo hacemos tenemos a nuestra disposición plantas que además de ser digestivas son relajantes como la melisa (Melissa officinalis), la manzanilla (Matricharia recutita), Espino albar (Crataegus spp), Hinojo (Foeniculum vulgare).

La microbiota también juega un papel importante en la digestión de los alimentos ya que es la comunidad de microorganismos (bacterias, arqueas, hongos, levaduras, virus y protozoos) que colonizan nuestro cuerpo desde el vientre de nuestra madre. Estos microorganismos se encuentran por todo nuestro cuerpo y se concentran en su mayoría en la mucosa intestinal. Las bacterias de nuestra microbiota intestinal o flora bacteriana, no sólo nos ayudan a hacer la digestión y nos proporcionan vitaminas y otros compuestos, sino que además activan nuestras defensas y nos protegen de los microorganismos patógenos.
 Si queremos tener una buena digestión y mantener nuestra salud es importante conservar la mucosa intestinal y alimentar a nuestras bacterias. Para ello, es necesario tener una dieta rica en fibra que actúa como prebiótico (alimento para la microbiota). También puedes prepararte tu propio prebiótico con raíz de diente de león (Taraxacum officinale) y raíz de Bardana (Arctium lappa). Su elaboración es muy sencilla. Tan solo debes de hacer una decocción de ambas raíces y reducir el líquido a la mitad. De esta forma concentrarás la inulina (fibra soluble) presente en las raíces y obtendrás un líquido de color oscuro y sabor dulce que resultará ser un fabuloso alimento para tus bacterias intestinales.

También podemos utilizar plantas demulcentes como la Malva (Malva sylvestris), Malvavisco (Althaea officinalis), Lino (Linum usitatissimum) para restaurar la mucosa intestinal.

Las plantas pueden ser gran ayuda para facilitar la digestión, pero recordemos que también el entorno debe ser favorable: Comer sin prisa y sin distracciones. Lo ideal sería comer en silencio, no comer demasiado y masticar muy bien. Cuando comemos distraídos ya sea en frente de la televisión o hablando con alguien, no estamos presentes y no masticamos adecuadamente. Además de facilitar la entrada de mucho aire en el estómago, no masticamos lo suficiente y tampoco disfrutamos del sabor de la comida. Masticar es importante porque si no convertimos la comida en partículas muy pequeñas, llegan trozos demasiado grandes en el estómago y éste tendrá mucho más trabajo para prepararlo para la absorción en el intestino delgado.

Te invito a observar tu forma de ingerir los alimentos. Puede que puedas cambiar algún hábito para mejorar tus digestiones o prevenir los posibles malestares que podrían aparecer. ¡Te animo a que pruebes diferentes plantas digestivas y descubrir todos los beneficios de encontrar aquella combinación que mejor se adapte a tus necesidades!

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